Entro a hurtadillas a un supermercado chino a ordenarles las góndolas -de onda- pero abren se ve que antes de tiempo y me pescan acomodando unas latas de champignones. Me hago la boluda y le pido turno a la cajera para depilarme. La China me indica que siga por el pasillo hasta el fondo del local y me deriva con un ruso alto de bigotes -finlandés talvez- que me advierte que sólo me puede depilar: "hasta acá" (sic) dice señalando la altura de ‘la liga’ y ni bien me pone un toque de cera sobre la rodilla, medio que me la veo venir y le digo que va muy lento y que voy a perder el avión. El ruso o finlandés me acompaña al mostrador. Le digo a la china de compromiso: ‘no se, cobrame lo que te parezca, disculpá pero pierdo el vuelo...’ Lo digo como para que ella me diga ‘no es nada’, pero el Ruso me interrumpe: "bueno, todo el día de trabajo que me hiciste perder. Sesenta pesos" y la china agarra mi billete de cien y me da doce moneditas de diez. Resignada le pido que porfavor me las cambie por monedas grandes, pero me da una velita de cumpleaños. Viene otra china con otro billete de cien al que le falta toda una esquina [oreja q le dicen] yme trata de estafadora. Me despierto justo antes de masacrarla.octubre 14, 2009
Atrévase a Soñar
Entro a hurtadillas a un supermercado chino a ordenarles las góndolas -de onda- pero abren se ve que antes de tiempo y me pescan acomodando unas latas de champignones. Me hago la boluda y le pido turno a la cajera para depilarme. La China me indica que siga por el pasillo hasta el fondo del local y me deriva con un ruso alto de bigotes -finlandés talvez- que me advierte que sólo me puede depilar: "hasta acá" (sic) dice señalando la altura de ‘la liga’ y ni bien me pone un toque de cera sobre la rodilla, medio que me la veo venir y le digo que va muy lento y que voy a perder el avión. El ruso o finlandés me acompaña al mostrador. Le digo a la china de compromiso: ‘no se, cobrame lo que te parezca, disculpá pero pierdo el vuelo...’ Lo digo como para que ella me diga ‘no es nada’, pero el Ruso me interrumpe: "bueno, todo el día de trabajo que me hiciste perder. Sesenta pesos" y la china agarra mi billete de cien y me da doce moneditas de diez. Resignada le pido que porfavor me las cambie por monedas grandes, pero me da una velita de cumpleaños. Viene otra china con otro billete de cien al que le falta toda una esquina [oreja q le dicen] yme trata de estafadora. Me despierto justo antes de masacrarla.septiembre 25, 2009
Addicted to...
No necesito nada: no estoy enferma, no me duele la cabeza, ni la garganta, no necesito curitas y el frasquito de agua oxigenada que compré hace tres años no llegó a la mitad. Siempre encuentro una excusa: en primavera una alergia que no tengo, en invierno las tabletas efervescentes, caramelos por si me duele la garganta…quitaesmalte.
Tengo una adicción.
Cada vez que paso por la puerta de una “ciudad-farmacia” TENGO que entrar. Una fuerza desconocida, superior y poderosísima me posee, y voy como un bulímico a la heladera.
Paseo, doy vueltas, el tiempo no pasa ahi adentro.
Ya no se si se trata de una farmacia o de un supermercado ‘chino’ limpio atendido por occidentales con uniforme, pero no me importa porque para mí es lo que era Orlando cuando yo tenía siete: Disneyworld.
Si un día al entrar, encontrara un Mickey, un Pluto o gente fumando dentro círculo delimitado por arbustos, no me asombraría.
Es un lugar que te tira buena onda a pesar de sus horribles jingles que atrasan al menos una década. Siempre hay una promo, un dos por uno, urnas de acrílico para meter cupones, y concursos para ganar millones y salir de pobre o bien hacerse acreedor de un dvd de marca graciosa.
Pienso en un jugador compulsivo, y puedo sentir lo que sería en su caso tener un casino flotante cada tres cuadras. Porque el local todo es una ruleta y la línea de cajas literalmente un tragamonedas. Te vas acercando a la caja y las falsas oportunidades van apareciendo: chicles, barritas de cereal, preservativos, caramelos…vamos, un kiosko! Porque el viaje no termina en la caja, más bien es ahí donde todo comienza: con una infinidad de productos absolutamente innecesarios y supuestamente gratificantes. Vas a comprar ibuprofeno y terminás firmando un voucher de tarjeta de crédito por doscientos cincuenta pesos.
Mi madre no entra porque dice que lavan dinero -por esa misma razón no alquilábamos películas en la cadena de videoclubes Errol’s durante los 80’s. -pero yo, cada vez que paso por una sucursal entro y tengo que llevarme algo. Cualquier cosa: un jabón líquido, un polvo decolorante…un ‘rollisec’.
Una tarde de fin de mes salí de la oficina desesperada: necesitaba ir de shopping, pero mis tarjetas estaban todas en ROJO y en la billetera tenía veinte pesos. Decidí caminar un poco para calmarme, pero fue imposible: a las 2 cuadras vi al monstruo. Habían inaugurado una nueva sucursal enorme, brillante, diabólicamente tentadora. Sin dudarlo entré con banda musical mental, caminando triunfal en cámara lenta. Mi cabellera se agitaba como si hubieran puesto poderosísimos ventiladores para recibirme y mi respiración, lenta e intensa acompañaba mi andar. La gente dejaba de hacer lo que estaba haciendo para mirarme, y yo sabiéndolo, les sonreía y a cada sonrisa regalada le agregaba una mueca, un parpadeo lento, una mirada furtiva. Me sentía la protagonista de un comercial de Impulse de los 80’s. Faltaba que se me cayera el foulard y que al tratar de levantarlo se me adelantara un modelo de Colbert divino de ojos azules, mirada intensa y gel, mucho gel. Pero mi partenaire nunca llegó, talvez porque en lugar de dejar caer mi foulard, me tragué el cartelito de Wet Floor, caí de ‘pera’ al piso y patiné como un artista de Holiday On Ice hasta la última góndola sin escalas.
Alguien hizo zapping y de protagonista de comercial cosmético pasé a segundona de comedia romántica barata.
Me levanté como pude, y miré hacia atrás como si allí fuera a encontrar un culpable, o la respuesta a mi torpeza. Llena de vergüenza rechacé ayuda externa, y recorrí disimuladamente con la lengua mi dentadura para chequear que estuvieran intactas todas las piezas. Cuando me agaché a juntar cada uno de los cientocincuentayocho efectos personales que salieron ejectados del bolso, un par de esos inmundos suecos de goma con agujeros invadieron mi campo visual.
-Marina?
Levantando con miedo la vista recé: porelamordejesucristoredentornuestroseñoramenprometoquevoyaserbuenapersonaapartirdestemomentoperonomehagasestonomehagasestodiocesitonolohagas!
Pero se me vinieron todos mis años de ateismo encima al ver que mi ex, me miraba desde lo alto.
septiembre 10, 2009
La boda de mi peor amigo
Si sos mujer e hiciste por lo menos dos de estas cosas un sábado: Estuviste en un casamiento.
Cada vez que alguien menciona las palabras ‘Boda’ y/o ‘Casamiento’ tengo un deja-vu.
Sea de día o de noche, en un salón o en un campo para mí la boda siempre empieza con la imagen de un ser superficial, histérico y organizado. Generalmente mujer, la wedding planner es ese personaje que se pasea como loca por el salón, hablando sola (en realidad da ordenes a través de una especie de ‘manos libres’), gritando, haciendo todo tipo de señas a sus asistentes, creyendo que es invisible. La wedding planner, en vez de estudiar abogacía, medicina o arquitectura, encontró en internet unos cursos para satisfacer las necesidades de los vago-snobs del nuevo siglo y apostó todo a ellos (Personal Shopper, Cool Hunter, Party Planner entre otros)
Hace todo lo que a la novia le da fiaca hacer durante la previa haciéndose cargo de los preparativos de la boda aunque no es ella quien finalmente toma las decisiones y hace lo que se supone que la novia no debe hacer en el momento de la fiesta. Además de ser un muestrario ambulante de salones, invitaciones, centros de mesa, manteles, vajilla, entremeses, ‘esculturas’ en hielo y mesas de dulces, es la encargada de ‘que todo salga bien’, y habiendo conocido sólo algunas pocas novias puedo afirmar que eso es sinónimo de ‘soportar la presión más llena de hormonas asesinas ansiosas y descontroladas del planeta’.
Una vez que se ha hecho merecedora de mi compasión, y habiendo agradecido a mi familia por obligarme a seguir una carrera ‘convencional’, soy capaz de continuar.
La Recepción
El dj interrumpe la música –del tipo funcional hasta entonces- y el silencio lo anticipa todo. En ese momento nadie mira al disc jockey con cara de “no me digas que saltó la compactera!” porque se sabe que ese silencio de alguna manera pide a los invitados que dejen los calentitos, se acerquen a la entrada y sonrían porque los novios están por llegar.
Después de ese breve momento mudo: un tema. No un tema cualquiera sino “el tema con el que entramos al salón”. Es que algo tan ridiculo como el acceso a una casa devenida salon de fiestas merece realmente ser recordado como uno de los momentos más importantes de una boda? De una vida?
A continuación un breve listado de las obviedades más elegidas por las parejas:
My heart will go on [Celine Dion]
The Rebel in me [Jimmy Cliff]
She [por Elvis Costello]
You are the Sunshine of my life [Stevie Wonder]
Follow you, Follow me [Génesis]
Under my skin [Bono & Frank Sinatra]
Love of my life [Queen]
Cant help falling in love [ por Elvis Prestley o por UB40]
Personalmente entraría con Pila Pila del Pity Alvarez, pero claro, yo no me caso.
Después de hacer tiempo con el fotógrafo, el que hace el video y el chofer, los novios –que ya saludaron en el atrio- son recibidos por los invitados, quienes al parecer tenemos instrucciones de hacermos los sorprendidos. (!)
“De parte del novio o de la novia?”
Después de “a quién querés más? A tu papá o a tu mamá?” esa es la pregunta de menor importancia en el ranking de las preguntas bipolares sin importancia. Sólo en algunas ocasiones sirve para iniciar conversaciones sin sentido.
Estamos invitados...
Podría separar a los individuos en categorías y subcategorías ad eternum, pero voy a limitarme a lo básico: familiares y amigos.
A veces los familiares se llevan todos los premios. Especialmente cuando hay una tía que bebe más de la cuenta, un tío solterón que corretea amigas de la novia, una abuela gagá que habla de la guerra y una madre que avergüenza a una generación entera bailando ‘el meneaito’: “...y ahí, ahí, ahí, ahí...” (me tiro de un vehículo en movimiento!)
Al padre de la novia, de movida lo vemos abatido. El tipo está jugado. En ese momento lo tienen como a Alex en la Naranja Mecánica: atado de pies y manos
sentado frente a una pantalla gigante por la cual le pasan fragmentos de lo mejor de su vida junto a su -hasta entonces- edípica hija.
Padre:
“Con quién te vas a casar Valerita?”
Novia:
“Con vos papi”
El tipo, enfrascado en un traje alquilado usado vaya uno a saber por quién, cuándo y en qué evento (fantasea con la idea de que lo haya usado Lito Pintos en la entrega de los Martín Fierro).
No sólo siente el horror de entregar su hija a otro hombre sino que encima los desgraciados están haciendo una fiesta por ello (en su cara, cómo se atreven!) y es él quien -por una ridícula convención- tiene que pagarla.
Las madres de los novios quieren que la fiesta no sólo sea perfecta, sino que sea como la fiesta que nunca tuvieron; algo de movida complicado al tratarse de dos personas con experiencias de vida diferentes , pero fundamentalmente porque esta vez: no son LA NOVIA!
A la madre –sea del lado de la novia o del novio, lo mismo da- claramente le cae la ficha: ya no es una pendeja. Y como suele pasarle a las mujeres cuando se dan cuenta de que ya no tienen 20, empiezan a actuar como si, en efecto, los tuviesen. Y así comienza el show de la veterana ‘piola’ de quien escuchamos muletillas robadas de la salida del colegio secundario del barrio. Confesiones de la talla de “yo nunca me fumé un porro” avergüenzan a sus hijos y divierten al resto de los invitados aunque no tanto como verla agitando la zanahoria de cotillón que se llevó a la mesa después del carnaval carioca.
La madre no quiere terminar en el baño con un amigo de los novios porque “podría ser mi hijo”, -pero a diferencia del tío soltero- necesita saber si podría hacerlo en caso de proponérselo.
El tío soltero termina indefectiblemente en el baño. No importa si se trata de una amiga de la novia, la hermana menor del novio, una camarera o la asistente de la wedding planner. Es el primero en convertir la corbata en vincha y se encarga de encabezar el trencito y arengar al resto. En su mesa no faltan ni el champagne ni su madre: la abuela gagá que no entiende muy bien dónde ni en qué año está. La abuela nos resulta un ser adorable y divertido los primeros diez minutos, pasado este tiempo las anécdotas de la segunda guerra aparte de no ser para la ocasión ya no le interesan a nadie. Los invitados dudan, no saben si reirse descaradamente de las locuras que dice la vieja, o intentar quedar bien con la familia y seguir sonriéndole, mirándola con los ojos abiertos bien grandes levantando las cejas y asintiendo(*) -como si lo que la nona fabuladora dice les interesara- mientras internamente se debaten entre un canapé de salmón y queso filadelfia o una empanadita copetín.
(*)Ese es un gesto que se usa mucho con infantes y personas de la 3ra edad, acompañado a veces por un “Mhhhmm” o un “Ahá” que pretende despistar al interlocutor y alejarlo momentáneamente de la realidad: no está siendo escuchado.
Y en un rincón, rodeada de copas vacías, tratando de darle subrepticiamente un billete al bartender, envuelta en tafeta tornasolada está ella: la tía borracha. Antes de dejar sus cosas en el guardarropas ya se sirvió tres martinis y trató de inútil en público a su ex-marido en reiteradas oportunidades.
Critica los centros y arreglos florales, se queja de la mesa que le tocó: por los integrantes y por la mala ubicación. Que la comida es in-co-mi-ble, que hace mucho calor en el salón y que la novia “está demasiado flaca, ojerosa, parece enferma”.
Tía
“Seguro que se quedan cortos con el champán, y qué mal gusto por el amor de Cristo, vestir las sillas con esos moños roñosos...a quién se le ocurre?!”
Ex
“Basta Estela”
Tía
“A mi no me callás eh! Mirá que yo hablo y si empiezo a hablar no me para nadie y a vos no te conviene, o si? O querés que TU gente se entere ...”
Ex
“Más champagne?”
Y por supuesto están los amigos. Los amigos-amigos, los no tan amigos, los íntimos, los propios y los heredados. Ninguna de estas clasificaciones califica como grupo. Hay sólo dos grandes grupos que interesan en el estudio social de una boda: solteros y en pareja.
Yo estuve en ambos y, claramente, me quedo con la energía del primero.
Pasados los besos pegajosos a los novios, los augurios de felicidad de manual y los canapés, los invitados somos guiados hacia el salón donde están “las mesas”.
No se trata de un tema menor sino todo lo contrario. Armar el cubo mágico resulta una tarea mucho más sencilla y gratificante.
Novia:
“En la seis faltaban tres, no? Bueno: Marta, Roberto y Bernarda.”
Madre de la novia:
“Estás loca? Bernarda y Marta hace años que no-se-hablan.”
Novia:
“Bueno, ponemos a Bernarda en la diez con tía Maruca...y al Dr.Waisman lo llevamos a la seis.”
Madre de la novia:
“Pero si el Dr. es judío, mi amor. No hay alguna mesa con más judíos”
Novia:
“Tenés razón. A ver...”
Claramente, tu objetivo y el de tus amigas es ganarle a la mesa cuatro donde están las “otras” amigas de la novia. Pero como la fiesta recién está empezando no te preocupás demasiado. No ahora.
Después de la entrada: el vals. Está muy de moda bailar el vals con temas de Frank Sinatra, de todas formas yo generalmente evito ese momento horrible, que me resulta de lo más incómodo usando una técnica que hasta ahora ha sido infalible. El secreto es estar muy atenta a la melodía y acercarse al novio sólo cuando se está muy segura de que la misma está por finalizar. Cuando el novio, ya mareado, amaga a agarrarte, vos te acercás y le contás un chiste o hacés un comentario irónico acerca del padre de la novia. El deja de mover los pies, rie y se tira hacia atrás. En ese momento gritás: Foto! Posan para el fotógrafo y para cuando el flash te cacheteó la cornea suena el último acorde:
Vos:
“Pero qué picardía!”
A la mesa otra vez. Un primo del novio se te acerca zigzagueando.
Primo:
Vos estabas en la mesa número...?
Vos:
(mala onda)
En la que vos no estás.
Sos consciente de que con esa actitud te vas volver en remise con lo que quede de tus amigas y que probablemente termines otra vez, pagando el viaje. Asique le sonreís y le das una palmadita en la espalda.
“En la de por allá Luisito, en la silla con el moño torcido”
Te hacés la simpática con el mozo, le coqueteás un poco si es necesario y te asegurás de que mantenga llena tu copa durante toda la noche.
Cansada sacás el centro de mesa para poder verle la cara al que tenés enfrente y saltás de la silla como si tuvieras un resorte cuando ves llegar a tu pareja. Una vez más llevaste a tu amigo gay.
Amigo gay:
“Sorry, me enrosqué con el del guardarropas. Los novios?”
Los novios arrancan con el tour por las mesas seguidos por la wedding planner, el fotógrafo y el pibe que lleva el flash. Salís con la copa en la mano y la boca torcida, mondando un trozo de pollo que te estaba molestando.
“Otra, otra que salí con los ojos cerrados!”
Cuando los novios se van, te das cuenta de que se llevaron tu plato. Pero si apenas probaste bocado! Se levantan las apuestas: Casata o almendrado?
Te hiciste veinte pesos así de fácil, suficiente para el remise de vuelta.
Al escuchar los primeros ‘acordes’ de cumbia villera pensás que se te está subiendo el alcohol, pero comprobás que aún estás algo sobria al ver a la novia abalanzarse sobre el disc jockey empuñando un tramontina, seguida por su reciente marido al grito de:
“Ojo con lo que decís, Valeria te lo pido por favor!”
El problema con el disc jockey es el mismo que con el peluquero. Por más que le des un playlist al dj o al coiffeur una foto exacta del corte de pelo que querés SIEMPRE van a hacer lo que ellos quieren.
Los ojos desorbitados de la novia y el tramontina son amenaza suficiente, y dan comienzo al Carnaval Carioca. Anteojos gigantes, pelucas, galeras de gomaeva, pomos de Rey Momo y enormes maracas con forma de zanahoria y banana son repartidos a los invitados.
Dentro de las actividades del Carnaval Carioca figuran: llevar en andas a los novios, arrojarlos por el aire, hacer el famoso trencito y cantar en portuñol: ‘comeinsao a dar, comeinsao a dar, comeinsao dar...atueeela, atueeela...”. Alguien sabe mínimamente qué quiere decir la letra?
El alcohol comienza a hacer efecto. Para esta altura de la fiesta empiezan las primeras bajas, y muchos piden que se les tache la doble. Si hay niños, este es el único momento en que la pasan bien de verdad. Gritan, saltan y juntan papel picado del piso para tirarlo al aire nuevamente, y como todo es caos y confusión aunque se tornen realmente insoportables gozan de inmunidad absoluta.
Hay estudios que indican que es durante el Carnaval Carioca cuando más calorías se queman en todo el evento. Esto lo sabe seguramente la Wedding Planner ya que debe ser el apunte estrella del primer y único cuatrimestre de cursada. Por esta razón es que inmediatamente después viene La mesa de dulces.
En la mesa de dulces conviven tortas, helados, mousses, waffles y panqueques. Es el momento highlight de la noche para las señoras, para las que vivimos a dieta todo el año y para los que se armaron un chino hace media horita en el jardín.
Te hacés la boluda y te paseás con disimulo por las proximidades de la mesa. Sacás fotos mentales: lemon pie, rogel, cheese cake, brownie, brownie con merengue y dulce de leche, struddel, budín de pan, selva negra, isla flotante, mousse de chocolate con lluvia de nueces, mousse de dulce de leche con salsa de frambuesas, panqueques y waffles rellenos...querés todo! Como buena gorda en recuperación constante, te servís un poquito de cada una, y tu plato termina siendo lo más parecido al Arca de Noé de la pastelería nupcial y vas a necesitar otra sesión de Carnaval Carioca para bajar esa orgía de azúcar. “A, e, i, o, u, epsilón...”
Llega la hora del ramo y no querés ni pasarle cerca, pero la novia empieza a convocar a sus amigas solteras como si se tratara de un DT nombrando a los titulares. Y a vos, aunque no quieras, te toca jugar. Y tenés tanta mala suerte que ni de paso te roza. De nada te sirvió tirarte de palomita, porque el ramo cae en la otra punta, sorprendiendo a la hermana de la novia e inmortalizándote en una foto a la que no va a faltar el pelotudo que le pegue un sticker con la leyenda: “Yo desesperada?”.
Para que nadie sospeche, inmediatamente después de la foto, traen la torta, y una vez más la novia da la formación del equipo titular para que cada jugadora tome una cinta, mire a cámara, tire y sonría. La emoción de haber sacado la alianza termina abruptamente al ver que la jugadora de la derecha sacó la alianza...y la de la izquierda, y la que le sigue, y la de enfrente también.
Si tenés suerte y ninguna de tus amigas volcó no será necesario por el momento que te alistes en el escuadrón del rescate. Volvés a la mesa y te terminás la vigésimoséptima copa de champagne (“Esta copa es mía? Burbujas tiene...” Adentro.) Prendés el radar porque se está por hacer la hora. De los cuatro solteros rescatables que había ahora quedan libres exactamente “...ese no, a ver... tampoco, ese no califica...” Qué? Uno?!
...O hasta agotar stock
Te sentás al lado, lo mirás con sorpresa y empezás lo que en realidad no querés empezar vos, pero siendo casi las cuatro y media de la mañana qué opción tenés?
Vas bien hasta que de repente: clinc clinc clinc, algún boludo fan de “La celebración” anuncia que se viene el brindis final. Justo ahora?! Pará que se me enfría el lomito de las 5am!
Los novios parten dejando a sus invitados disfrutar de los últimos minutos de fiesta. En este momento la wedding planner está relajada sosteniendo una copa de champpagne, sonriendo. El disc jockey comienza a guardar los discos , una de las meseras se afana los muñecos de torta y quedan siete enfermos mentales en la pista de baile. Alguien que despierte a la abuela y saque al tío del baño que acá quieren empezar a limpiar! Se prenden las luces, ahora podés ver con claridad: tu galán se está matando con la hermana de la novia, y vos ,indignada, gritás:
“Esto también estaba arreglado?”
junio 02, 2009
Nueve (media)lunas
Probé con cremas, con el reduce fat fast del gurú Jorge Hané, me inyecté “lipoliticos”, me hice masajes, drenaje linfático, meso y masoterapia. Me metí en la cápsula de ozono, me puse la bota, tomé pastillas, batidos proteicos, quemadores de grasa y hasta compré una faja...probé de todo.
Soy el ejemplo viviente del efecto Yo-Yo, el mayor desafío de un personal trainer, el casting perfecto para la escena en la playa de una película de Enrique Carreras del setenta y pico en Mar del Plata.
A pesar de todo mi esfuerzo lo único que no puedo erradicar es la maldita adiposidad localizada en el abdomen. Tengo un depósito de lípidos que data del paleolítico, un ejército de okupas que se niega a abandonar las paredes abdominales de mi propiedad. Están cómodamente instalados, se aferran a mi estómago y por más que llore, patalee y me someta al más cruel de los ayunos no consigo efectivizar el desalojo.
Pasé años culpando a mi madre por la mala genética, por las vitaminas que me dio a los 6 años para hacerme ganar peso y por haberme sometido dos años más tarde a la primera del centenar de dietas para adelgazar que hice a lo largo de mi vida, pero ni todo el enojo del mundo ni años de terapia combatiéndolo van a cambiar mi realidad de gordita recuperada.
Mi infancia casi no tuvo kioskos: redescubrí las golosinas a los 30 años. Hoy por hoy mi gran adicción es La Vauquita. Aún pudiendo elegir y variar, cada “permitido” semanal yo lo traduzco en una mínima tableta de dulce de leche celestial. Todavía me resisto a la tentación de ese nuevo envase tamaño XL que llegó –como en su momento lo hicieron el Ricardito desde Uruguay y el Toblerone desde...el freeshop?- para arruinarme la vida y evidenciar mi infelicidad.
Entiendo que, además de ser un peligro, ya estoy grande para jugar a la anorexia, asique tomo los dos litros de agua reglamentarios por día, no como fritos, llevo una dieta balanceada, rica en fibras, frutas y verduras, y hago ejercicio. Tengo el manual, vamos!
Haciéndome cargo de mi situación, y sin caer en obsesiones adolescentes accedí a la invitación de una amiga y la acompañé a una clase de prueba de Pilates sabiendo que esa disciplina no iba a funcionar conmigo ni con mi ansiedad. Yo necesito pegarle a algo, correr hasta no sentir las piernas, o hasta que me falte el aire. Necesito evidencias. Signos de que estoy efectivamente haciendo algo para deshacerme de lo que sobra. El sudor como prueba irrefutable. Cuando tuve la certeza de que iba a odiar cada minuto de esa clase, ya estaba sentada sobre el reformer (una cama!) ¿Cómo voy a hacer desaparecer el cementerio adiposo si estoy acostada y apenas me muevo? ¿Cómo? Si abrir una puerta corrediza exige más esfuerzo! De qué “centro” me habla? Qué hilo de luz? Qué quiere decir con vascular la cadera? Qué son las crestas ilíacas? Me vuelvo loca. Esto es un té canasta de señoras bien no permitiéndose sudar, escuchando Enya en stereo, respirando fuerte. A ver si lo entienden: a Jennifer Aniston le funciona porque además de Pilates corre 10km diarios, tiene masajista, personal trainer a disposición, nutricionista 24hs, y bandejitas con su vianda personalizada de 150 calorías!
Ya en el vestuario una de mis ocasionales compañeras de clase mirándome pregunta con tono de afirmación: “Ay, estás embarazada!”
Haciendo fuerza con los ojos para que no se me salieran las lágrimas le dije que no, me puse rápido la remera y huí humillada. Recién cuando llegué a casa se me ocurrieron alternativas de respuestas que podría haberle dado para incomodarla y –con suerte- hacerla sentir como el orto:
-No, no puedo tener hijos.
-Sí, pero no lo cuento... ya perdí 3 embarazos.
-Sí, de tu marido pedazo de mamarracho arrugado!
Por ella, ahora voy a tener una noche horrible llena de pesadillas en las que seré perseguida por un mega alfajor triple, una manada de Vauquitas de dulce de leche, y un kioskero sádico riéndose de mi a carcajadas, como el Narcizo Ibañez Menta de “los permitidos”.
mayo 16, 2009
Vasos Vacíos
And here it goes again...
El observadorr: “Diosa” Vos:“No flaco, llegaste 15 años tarde a los 90. Volá.”
Entonces te tilda de histérica y empieza a los gritos:
El observador:“Pero quién te pensás que sos gorda pedorra? Tocá de acá, forra!”
Todo bien que salgan de levante, pero vamos: tienen que perfeccionarse...no hay workshops entre el fulbito con los pibes y la porno soft empezada en The Film Zone? No se: “Cómo encarar minitas sin ser un rugbier boló”
No es tan difícil, las mujeres somos de manual...el problema es que hay mucho vago que no se toma el trabajo de leerlo y sigue esperando que salga la película, el audiolibro. Es cantado que van a caer en errores de concepto: -Aposté diez pesos con mi amigo a que tocabas un instrumento”. -La quena pelotudo, ganaste. Ahora...diez pesos? Ratón! ¿Porqué por culpa de estos retrasados mentales tengo que convertirme en un camionero? Si solo se dieran cuenta que levantarse a una mina es tan simple como que la mina no se de cuenta que se la están tratando de levantar! En cambio nos obligan a poner un “mute” mental durante lo que sea que dura el monólogo o a mandarlos a la mierda convirtiéndonos así en seres ordinarios y, según su punto de vista mediocre: urgidas de sexo.
Como era de esperar terminamos a las 4 de la mañana en un bar aburrido tomando café como tres gordas chantilly de confitería, debatiendo si la medialuna de grasa supera a la de manteca, si membrillo mata pastelera, confundiendo a Barbra Streisand con Bette Midler [son la misma persona?] y confesándonos todo lo que le hubiéramos hecho al barman si se hubiese dignado a mirarnos.
Pero si el objetivo era no perder el training, lo logramos. Seguimos la rutina al pie de la letra: empinando el codo trabajamos todo lo que es el tren superior fortaleciendo tanto la zona de hombros, como bíceps, tríceps y dorsales. Se sugiere para un futuro llevar cronómetro y alternar brazos debido a la gran cantidad de casos de atrofia muscular en solo uno de los miembros. Finalizada la actividad se recomienda estiramiento en barra.
marzo 22, 2009
Blanca y Radiante
-Marina, mi novia.
A mí se me congeló la sangre. Me imaginé a mi misma en el tercer piso de una torta blanca, parada en medio de ese espanto de la repostería, clavada, empantanada, embarrada en crema, sin poder huir.
Me bajó la presión, tuve ganas de salir corriendo para desaparecer y paradójicamente también sentí el impulso de saltarle encima a Murguiondo, y abrazarlo. Opté por hacerme la boluda.
Ser novios post 30 me suena tan extraño como cuando era chica y un tío bigotudo caía al almuerzo familiar de los Domingos con una rubia lookeada a lo Madonna en el Like a Virgin Tour: la mejor permanente del barrio, tres docenas de pulseras en cada brazo y fecha de vencimiento a la vista. El la presentaba: “mi novia” y con mis primos nos reíamos, los mirábamos raro. Me resulta difícil ligar la palabra noviazgo con “gente grande”. A Murguiondo no:
- Marina, mi novia.
El tampoco tiene look de novio. Cómo presentarlo en un futuro sin soltar una carcajada? Sin que se me llenen los ojos de lágrimas de tanta risa contenida. Un novio de cuarenta y pico con ambo verde, dónde se vio?!
Cuando pienso en novios se me viene a la mente una asociación de imágenes de lo más cursi protagonizada por gente de 20 con luz de atardecer y palmeras de fondo. Gente sin panza, que todavía estudia, que va a bailar los fines de semana, y vive en un monoambiente. Gente que regala peluches y lleva al extremo el dirty talking por msn.
Nosotros vamos al banco, pagamos impuestos, leemos el diario, y tenemos por lo menos 3 velorios encima. Nos dicen señor/señora, tomamos buen vino y cuando vamos a recitales nos ubicamos atrás de todo y salimos con dolor de cintura. La palabra novios nos queda como un chupín fucsia a Santo Biasati.
-Marina, mi novia.
A las chicas nos enseñaron que si un chico quería ‘algo serio’ preguntaba: Querés ser mi novia? Y así, dejaba en claro la naturaleza y el futuro de la relación. Pero en la vida real nunca nadie nos hizo esa pregunta. Y ya desde teenagers debimos adivinar en qué tipo de relación estábamos involucradas y sufrir porque no volvió a llamar siendo que ya teníamos elegidos los nombres para nuestros hijos.
Murguiondo no hizo la pregunta, no propuso. Murguiondo decidió:
-Marina mi novia.
Quién decide realmente acerca del rumbo que va a tomar una relación?
En mi caso siempre esperé pasivamente a que me dieran el ok, una especie de permiso, de habilitación para no quedar pagando.
Dónde estaba metida la feminista combativa que grita pidiendo justicia e igualdad haciéndome pasar papelones?
Nadie sabe, pero esta vez se dejó ganar sin oponer resistencia , lo dejó decidir a él antes que a mí ...sangre de su sangre! Murguiondo la venció:
-Marina, mi novia
Al decidirlo me habilitó a referirme a él como “mi novio”? Me dio la tarjeta, el pase libre, ‘la pulserita’. Ahora tengo una obligación, un quehacer. Ahora tengo que presentarlo:
-Murguiondo, mi novio.
Así es: después de unas regias vacaciones, estoy de novia.
Y ahora ellos lo saben, lo sienten, lo huelen. Alguien se los dice, el rumor les llega, está en el aire. Me pongo de novia y me llueven los candidatos caen como el granizo del 2006. Qué hicieron estos últimos cuatro años?
Murguiondo me entrega el título de novia, me pone la corona, la banda de terciopelo rojo con letras doradas, me enchufa el ramo de rosas y antes de que se me empiece a correr el rimmel el psicólogo me dice que ya no puedo ser su paciente porque se enamoró de mí, el gerente del banco me libera de la cola eterna y me invita a “almorzar un día de estos”, un chongazo en bicicleta sale de atrás de un arbol en Palermo y me advierte que tengo los cordones a medio desatar y al stalker style, me dice que él me ve siempre corriendo y que recién hoy se animó a hablarme, que talvez podemos “correr juntos un día de estos”. Ahora me gritan barbaridades por la calle, los mozos vienen a mi mesa con tragos “invitación del caballero” y hasta me tocan bocina.
Yo a todos les digo la más boluda de las frases boludas. Una frase que tenía guardada hace años en el ajuar de la boludez femenina, una frase que me da tanta vergüenza como falso-orgullo, una frase que atrasa, y que como tenía tanto polvo encima, fue difícil pronunciar: Gracias, pero tengo novio.
marzo 16, 2009
Convocatoria
marzo 12, 2009
Una de mariachis
marzo 11, 2009
Dos veces looser
Hace unos años escribí el siguiente mail a una amiga que vive lejos, pero por error se lo envié a un amigo de un exnovio:BUENO, ME VOY AL GIMNASIO A LEVANTAR EL ORTO Y QUEMAR LA FATSO GRASA LOCALIZADA QUE ME DEJó ESE PUTO VIAJE A DISNEY A LOS 15.
AH, SIGO RE CALIENTE CON ESE PROFESOR DE SPINNING QUE TE CONTE: EL COLOMBIANO –O TUCUMANO- MUSCULOSO QUE SE DEPILA –HASTA DONDE YO SE- LAS PIERNAS. ES UN ESPANTO. A MEDIDA QUE PEDALEO VOY FANTASEANDO CON QUE ME INVITA A SALIR Y ENSAYO UN GESTO QUE TENGA EL PODER DE CARETEAR/ NEUTRALIZAR MI PREVISIBLE REACCION AL VERLO LLEGAR EN BICI CON DOS CASCOS. HA DE SER TRAUMATICO VERLO DE 'CIVIL Y ESO QUE NO DEBE HABER NADA MAS ESPELUZNANTE QUE VER UN PETISO DEFORME CON CALZAS FLUO CHIVANDO...ALGO A LO QUE, CLARO, YA ME ACOSTUMBRE.
QUE VIDA DEPRIMENTE!
TE LLAMO EN LA SEMANA.
marzo 07, 2009
febrero 15, 2009
Rock in Rio
Lo primero que hago cuando llego a Rio de Janeiro, no es ni cambiar dólares ni pedir un mapa sino ir desesperadamente al freeshop a comprar TicTac de Maracujá. Cuarenta y siete.Irme de vacaciones es un placer y viajar sola es un lujo que compenso con estadías en hostels baratos.
En la habitación me reciben 3 centroamericanas que mi nacionalidad. Trato de descifrar el acento, pero todas suenan como Catherine Fulop asique me animo a preguntar. Nunca lo hubiera sacado: peruanas.
A los 20 minutos estabamos cenando, tomando caipirinha y jurando que esa noche no salíamos. Una hora después brindábamos en un pub inglés y luego en otro probablemente también Inglés (como si a las 5am, alguien con 4 gramos de alcohol por litro de sangre pudiera dar fe de la veracidad de este dato). Huimos antes de que nos echaran del nuevo antro. Eran casi las 7 de la mañana, el fin de mi primer día en Rio y el comienzo del fin de mi hígado.
Los días básicamente fueron noches. Las peruanas y yo nos duchábamos en el hostel, dormíamos en la playa, y brillábamos en los bares.
Bueno...ellas brillaban. Eran una mezcla de la cara de J.Lo con la de patoruzito en el cuerpo de Jessica Rabit con 5 kilos de más. Yo lo más parecido a Courtney Love que se vio en Brasil.
Después de la tercer noche decidí cambiar mi actitud. La tercer noche comenzó a ser una desgracia cuando al minuto 4 de haber llegado al boliche dos de las peruanas ya estaban enroscadas con unos lugareños.
Después de dos whiskys, varios intentos fallidos de mover el cuerpo al ritmo de esa música absurdamente alegre traté de quedar sorda pegando la cara al parlante, y de electrocutarme con el secador de manos del baño, pero fracasé. La peruana restante se acerca con una promesa: “Marina, no te voy a dejar a ti sola como ellas hicieron con nosotras”
Brindamos por eso, y cuando el eco de los cristales ya no se oyó, entró en cuadro un Australiano y la dejó amnésica.
Rodeada de parejas multiraciales, le hago una seña al bartender para que me sirva el tercer escocés...doble esta vez.
Miro para todos lados y me tiro en un sillón con la suficiente cara de looser como para que se me acercara el mozo a darme una fraternal palmadita en la espalda. Encaro hacia la puerta de salida.
Las peruanas se deseperan y me llaman a los gritos hasta converncerme de ir a no se donde. “No se donde” era el departamento de uno de sus galanes, y mientras las peruanas se la pasaban de fiesta internacional, la argentina -infiltrada en el grupo autoproclamado “las más lindas del mundo” – terminó tirada en el sillón de oferta comprado en un outlet de Falabella, frente a un mega-plasma, mirando perdida el dvd de un concierto de la versión carioca de Bob Marley, que el dueño de casa gentilmente había puesto imitando el comportamiento del adulto promedio que ante la imposibilidad de manejar a una criatura, sintoniza Cartoon Network para hipnotizarla con dibujos animados.
Horas después, cuando la insoportable música del menú de inicio del dvd se había convertido en mi peor pesadilla, abrí los ojos, entendí dónde estaba y me juré nunca más terminar en tan humillante situación. Al lograr despegar mi piel transpirada del cuero, me fui caminando, como una prostituta mal paga, por las calles de Leblon con el rimmel corrido, las sandalias en la mano, y la vergüenza en el alma.
Esa tarde, mientras las peruanas dormían sobre sus pareos y entre sueños se babeaban de placer, me prometí hacer vida de playa diurna a partir de ese instante. No pude zafar del cumpleaños de una de mis roomates esa noche, pero me quise convencer: “una caipirinha y desaparezco”.
La caipirinha se multiplicó por cinco, y creo que antes que yo desaparecieron las peruanas. Yo acodé y ahí quedé atornillada. A mi lado, un rubio con la mirada clavada en tres shots, un salero y algunas rodajas de limón. Apoyo el vaso sobre la barra y hago ruido suficiente como para dejarle claro al bartender que había terminado mi trago y necesitaba un refill. El rubio me mira sobresaltado y, desganado me invita un tequila en perfecto inglés. Nunca me gustó el tequila, pero como esa noche el rubio se parecía a Sting acepté e y me convertí en la versión barata de Amy Winehouse.
Después del cuarto shot, con un gajo de limón en la boca imitando a John Locke en la primer temporada de Lost, agarro a Sting de la mano y lo llevo a la pista. Al descubrir que un playmobil tiene más movilidad que mi partenaire, bajo la vista, y justo antes de que las baldosas del damero empiecen a colaborar con mi mareo, aparecen un par de botas tejanas. Horrorizada, busco un crucifijo, un racimo de ajos, un matafuegos, un revólver, algo! Esa imagen me lastima las corneas y barajo la posibilidad de salir corriendo. Enceguecida, entrecerrando los ojos levanto la cabeza, tiro de la manga de su camisa y lo arrastro –sin mirar al piso- hacia la puerta.
Media cuadra en zig zag y entramos a su hotel con estrellas donde el conserje me pide que complete una tarjeta con mis datos. Intentando hacer foco y que no me temblara el pulso, escribo: María Eva Duarte de Perón.
Al bajar del ascensor se me rompe un taco. Camino torpemente por los pasillos del hotel, tropezando y luchando contra la compostura de mi compañero que insistía en callarme y cuidar el sueño del resto de los huéspedes. Yo no podía parar de reir, como Luisa Albinoni y un grupo de extras en una escena de una película de Aries Cinematográfica con Olmedo y Porcel.
La balanza de la batalla interna que secretamente libraba contra las peruanas estaba inclinándose hacia mi lado.
Luego de un black out total abrí los ojos, y al ver unas botas tejanas tiradas en el piso lo supe: debía desaparecer.
Mi objetivo era llegar a tiempo para tomar el desayuno del hostel, pero el horario ya casi terminaba. Esta vez, con una sonrisa y lejos de la white trash que transitaba la mañana anterior las calles de Leblon, camino apurada las seis cuadras que separan el Hotel de Luxe de mi Hostel Low Budget: dos cuadras con el taco roto y las cuatro restantes descalza.
Con la voz ronca mezcla de Mostaza Merlo y Ze Pequenho encaro a una de las empleadas del comedor: “A café da mañáaa?”
Mirando el reloj, infla los cachetes y niega con la cabeza. Se ve que le doy un poco de lástima y me alcanza una figaza de pan blanco. “Tein Queijoooo???” pregunto amablemente, pero ella vuelve a negar con la cabeza y me saca la figaza de la mano.
En la habitación, las peruanas me reciben con aplausos, silbidos y modismos peruanos: “Chévere Marina, te la has pasado bien rico anoche eh”/ “Estuvo mostro, no?”
Apuro mi exagerado y algo mentiroso relato cuando de repente me ataca la imagen de mi campera colgada sobre el respaldo de una silla en la habitacion de Sting. “La camperaaaa!”. Una de las chicas se ofrece a acompañarme para recuperarla, no fuera cosa que el falso Sting la vendiera en un flea market al volver a Escocia!
Me dirijo al conserje con seguridad: “Bon dia. Anoche stuve aqui con amigo mio, uno huesped, mais no ricordo il numero de la habitaçaun…”
El conserje interrumpe en perfecto castellano: “Cuál es el nombre?”
Yo: (...Sting?) el nombre...el nombre es…bueno, mhh...es rubio, como así de alto...y es…escocés,.
Conserje: Mr. Morgan?
Yo: ESE! Mr. Morgan!
Resultó que Mr. Morgan se había ido. El conserje me ofreció que volviera a la noche que él personalmente le iba a dar el mensaje para que dejara la campera en recepción.
El conserje cumplió con su palabra, y yo si bien no pude recuperar la dignidad ni la vergüenza, adivinen qué llevo puesto?!
diciembre 31, 2008
Welcome to the Jungle
Llego al gimnasio amenazando al entrenador con hacerle una denuncia por malapraxis. Le digo que no es para reirse, que es para llorar y que se cuide, porque como no me haga bajar tres años ininterrumpidos de BigMac se va a lamentar.
Estoy furiosa, el ipod se queda sin batería y la sintonía del televisor más cercano está clavada en TyC sports.
Buscando una distracción empiezo a observar a la gente. Me olvido de la cinta, de los 37 minutos que faltan y del traje de baño que no me entra.
Tengo una visión completa del “salón” que hoy es como una gran pasarella , una verdadera Red Carpet...la versión triste del desfile de comparsas del carnaval de Rio de Janeiro.
VESTUARIO DE HOMBRES
Están los que siguen usando soquetes altos [a mitad de camino entre la rodilla y el tobillo]. tienen arriba de 50, son educados, entrecanos, fueron operados de la rodilla al menos una vez y padecen alguna de las siguientes patologías: Tendinitis, Luxación, Fatiga Muscular
El abanico se abre y nos encontramos con los fanáticos del deporte y su indumentaria de maratón. El estado físico del individuo varía proporcionalmente de acuerdo al año estampado en la remera que usa. Quien lleva la de los 10k Nike 2004 se dejó estar y/o la compró en un Outlet. Quien viste la del Circuito YPF Cross 2008 y calzas tipo ciclista es, además de obse, ridículo. Generalmente se depila las piernas y transpira Evian
El falso patova es, en realidad, gordo. En “la musculación” encontró la manera de barrer y esconder la mugre abajo de la alfombra. Viene en tres versiones: pelado, corte militar y con cabello finito, grasoso y largo atado en una colita. Usa musculosas de sisa amplia, bermudas confeccionadas con un jogging viejo y se pasea por “el salón” hablando por celular. Cuando levanta mucho peso emite un sonido extraño: “Aúuuaaajjjj” que termina al estrellar la barra contra el piso.
El deportista wanna be lleva camisetas de fútbol de clubes europeos o , trata de recrear el look Nalbandian adquiriendo chombas blancas en la sección textil de Carrefour. Tiene el último modelo de Ipod y las zapatillas siempre limpias.
El mugriento, cuando no va de ojotas, calza zapatillas Toper de lona blancas con medias azul marino. Usa shorts modelo 1982 o jogging y remera blanca manga corta auroleada.. Lleva tres accesorios: el celular enganchado al elástico del pantalón, la riñonera (deberían prohibir su uso o al menos penalizarlo) y una toalla sobre los hombros. (dicen TUAYA ).
VESTUARIO DE DAMAS
Amas de casa desesperadas.
El grupo que copa la franja horaria que va desde las 2 hasta las 6 de la tarde, usa calzas combinadas, zapatillas “botitas” Reebok (rojas como las que me trajo Tia Norma de Miami en el 91) y remeras largas con diseños de coloridos papagayos o inscripciones: BAHAMAS, CANCUN. Son “fanas” de las clases de Step y Aerosalsa, dicen “estupendo!”, juntan plata para comprar el regalo de cumpleaños de “la profe” y rellenan las botellitas de 500cm3 con agua de la canilla.
SuperM
Busca que “la descubra” Pancho Dotto. Siempre impecable, tiene los mejores outfits y combina los breteles del corpiño con las medias. Hace spinning, no transpira, escucha música (electrónica) del celular, toma únicamente “bebidas para deportistas” y por más que esté en un interior usa cap. ( Para quéee? Están adentro del gimnasio!)
Rebelde Way
Las teenagers usan babuchas de modal y remeras de rock caretas con letras fluo de bandas que nunca escucharon compradas en zona norte. Usan hebillas con forma de estrella o calavera, van siempre de a dos (mínimo) tienen cara de orto a toda hora y se resisten a usar corpiño. Se llaman por sus apodos que nunca tienen más de una sílaba: Bel, Lú, Moi, Fla, Den…
Nip Tuck
El síndrome Lee Von Kennedy: calzas floreadas, abuso de animal print , bolsos gigantes y anteojos de carey con detalles en dorado. Hacen Pilates Mat (la version pobre de Pilates) Al terminar la clase, vuelven a ponerse los lentes y van en grupo a tomar “un cafecito” al bar. (Dicen buffet)
Los socios no lo saben, pero hoy desfilaron para mí. Yo, desde el palco, les tiro tomates imaginarios, los abucheo en silencio y me río como Patán.
diciembre 08, 2008
Mujer Soltera Busca
Mientras google siga sin arrojar resultados y la responsable no aparezca, seguiré maldiciendo su anonimato tildándola de cobarde. Sospecho que me agarró desprevenida, en un momento complicado, viviendo sin apuro a toda velocidad, terminando el secundario o promediando el CBC. En plena y adolescente inmortalidad, cuando no me importaba nada y los treinta estaban lejos, cuando no necesitaba cremas antiarrugas y podía ‘seguir de largo’ todo un fin de semana.
La autosuficiencia en la mujer está sobrevaluada gracias a un grupo de feministas resentidas que rechazaron la oferta del ex marido de tener un programa de cable propio, y que para cuando se arrepintieron ya les habían cortado las tarjetas de crédito.
Está comprobado que la mujer que no sabe cambiar un neumático gana más que la que sabe. Que la que acepta que le carguen las bolsas del supermercado -aunque no pesen tanto-, gana más que la que se las cuelga del antebrazo, empuja con el omóplato la puerta y la sostiene con el tobillo para que pase una vecina.
Estoy considerando dejar de cargar sola el bidón del sparkling en la oficina , no llevar más la victorinox en la cartera, abandonar el curso de mecánica y empezar a tomar daiquiris de frutilla.
Porque pareciera que después de los 30 dejás de ser la mujer exitosa, independiente, y emprendedora para convertirte en la víctima preferida de sesentones de semáforo tapizados en cuero beige, de un agente de viajes que quiere encajarte a toda costa un crucero o un paquete en el Club Med y de la mirada lastimosa que te arrojan tus ex-compañeros de colegio (maldito Facebook), cuando respondés la primer pregunta del reencuentro:
-Y vos? Te casaste?
Qué les digo? “No, mi libertad ante todo” como si fuera parte del estribillo de una canción del Paz Martínez? Reacciono para el orto? “A mi no me mantiene nadie!”. Enumero –y exagero- logros y actividades sembrando envidia? Soy independiente, vivo en un tres ambientes -pisos de parquet, baño completo, todo luz- tengo mi auto, una laptop y un i-phone touch screen, personal trainer, masajista y un blog. Duermo en diagonal con la tele prendida, los Domingos me despierto a cualquier hora, y si quiero no me saco el jogging en todo el día. Nunca me pierdo un show del Pity Alvarez, a menos que él lo decida. Claro que pido ayuda, no puedo sola! Rosita viene los Lunes, deja el freezer con comida para una semana y la casa impecable.
Soy consciente de que esta respuesta equivale a encerrar al interlocutor en una habitación, poner en repeat mode un disco de Radiohead y darle un 38 cargado.
-No, no me casé.
Contesto delicadamente y me prepararo para ver fotos 4x4 debajo del plástico transparente de una billetera o de un espantoso llavero de acrílico, mientras le hago una seña al mozo para que me traiga otro whisky. Doble.
Se me afloja la lengua y les digo que “...ser soltera no es un problema...” que el verdadero problema es que los demás sientan vergüenza ajena ante tu estado civil, es esa mirada de pena que no pueden disimular cuando llegás sola a una boda, es saber que planean presentarte al pibe resaca, a ese que nadie eligió antes, a ese que,curiosamente, piensa lo mismo de vos sin conocerte.
El problema es la libre asociación (soltera=desesperada), es Febrero (el mes de los enamorados), la primavera (la estación del amor), cualquier promo 2x1 y, en hotelería, que lo mejor venga en ‘base doble”.
Ellas me miran horrorizadas, como si vieran a la protagonista de una película ochentosa en su departamento con vista al Hudson atestado de horribles muebles laqueados con detalles en dorado.
Ellos se ofrecen a llevarme a casa porque “con lo que tomaste no vas manejar”. Les doy la razón, pero para reafirmar que no entiendo nada de nada, me llamo un radiotaxi.
Al abrir la puerta de casa, reproduzco una línea de Batman Returns de Tim Burton cuando Gatúbela –encarnada por Michelle Pfeiffer- entrando a su departamento exclama: “Honey! Im home! ... Oh, I forgot. I’m not married”
noviembre 04, 2008
DR FEELGOOD
La traumatología es una especialidad para vagos morbosos que trabajan para cumplir un horario, firmar una receta de diclofenac y obligar al resto de los mortales a llamarlos Doctor. El traumatólogo es a la medicina lo que un empleado municipal a la sociedad, lo que un decorador de interiores a la arquitectura.Gracias a que el Dr. Druetto me dejó en la sala de espera como a un Garoto de fruta de esos que no come nadie, conocí a un kinesiólogo irresistiblemente feo, y me enamoré no a primera vista, sino más bien promediando la rehabilitación.
Sin anillo, ni muñequitos enchapados en oro colgando del cuello pasó la última prueba de fuego: la de los mocasines. Los médicos suelen vestirse muy mal, sobretodo los que usan ‘ambo’ en lugar de guardapolvo con su apellido bordado en cursiva con hilo azul y una birome en el bolsillo. El truco está en chequear el calzado: los mocasines ya sea en gamuza o cuero con costuras blancas y/o flecos vienen indefectiblemente con pantalón pinzado color caqui, camisa rosa y el perchero entero de un local de Kevingston. En cambio, las zapatillas prometen al menos jean, remera y –a mi sano juicio- decencia.
El, usa zapatillas, como Doctor House y me vuelve loca.
Coquetear con un médico –o con un instructor de tennis- está en el top five de cosas patéticas que hacen las mujeres, y de solo pensarlo no puedo parar de reproducir internamente diálogos de explícito doble sentido dignos de un guión de Sofovich. El hecho de ser bastante práctica en mi vida, se traduce en no saber histeriquear. Consciente de esta ineptitud tiendo a creer que resulto obvia cuando en verdad termino siendo indiferente y antipática con el objeto de conquista (es decir, el sujeto a conquistar). En situaciones de tensión sexual soy torpe, tartamudeo al hablar, me pongo colorada y hago chistes malos. Muchos. Uno atrás del otro.
Acorde a esto, mis sesiones se desarrollaron con total anormalidad: casi me desnuco al perder el equilibrio en una camilla, estoy llena de moretones por haberme tropezado en reiteradas oportunidades con la misma silla y más de una vez tuvieron que despertarme al finalizar la sesión de magnetoterapia.
Cuando por fin me relajé, y la cosa empezó a fluir merced a diálogos menos ansiosos y más genuinos, al Licenciado se le dio por hacerme un masaje rehabilitante levantándome el jean hasta la rodilla. Ahí nomás me corrió un sudor frío por la espalda, abrí grande los ojos y casi salto en la camilla para increparlo:
-¿Qué hacés? ¿Estás loco? Tengo un esguince de to-bi-llo...y turno con la depiladora recién a las 5!
Pero me limité a cerrar los ojos y hacer fuerza para que se cumpliera mi deseo:
ser metida dentro de un patrullero con una campera en la cabeza.
Llegué a la última sesión esperando que me invitara a salir, rezando como cuando jugaba a la botellita en la primaria: “Que me toque con el kinesiólogo, que me toque con el kinesiólogo”,.
-“Ponce! – gritó su asistente con mi ficha en la mano -El Doctor Eugenio Murguiondo no viene hoy, acompañeme por favor”. (Juro que hizo el gestito de “Síganme los buenos”)
Asentí como una actriz de reparto de comedia romántica a la que le tocó el rol de amiga looser de la protagonista y fui a que me diera de alta un flogger.
Al llegar a casa, me preparé un Bloody Mary con mucho vodka y le envié un mail a Murguiondo:
¿Me hago romper el tobillo izquierdo para que me rehabilites o me vas a invitar a salir?